
LA VOZ DEL PASTOR

LA PARROQUIA – COMUNIDAD
La parroquia es comunidad o no es parroquia. Parece verdad de “Perogrullo”, pero puede, en algunos casos suceder, por darse en ella posiblemente muchas estructuras, actividades sueltas o que nada tienen que ver con el camino pastoral o de promoción humana, orientado desde el Evangelio o que, por otra parte, no responde a la hoja de ruta pastoral acordada para seguir todos en una Iglesia particular, en leal comunión y participación. La espiritualidad de comunión que nos lleva a vivir la unión con Dios y entre nosotros unida a la responsabilidad con el medio ambiente, le va dando forma en concreto a la parroquia, traducida en obras apostólicas, misioneras y de evangelización.
La definición que el derecho canónico trae de la parroquia, considero nos ayuda mucho a comprender lo que es esencial en ella. En efecto dice el código “La parroquia es una determinada comunidad de fieles constituida de modo estable en la Iglesia particular, cuya cura pastoral, bajo la autoridad del Obispo diocesano, se encomienda a un párroco, como su pastor propio” (C. 515 § 1).
Podemos notar en primer lugar, que es una comunidad de fieles, por tanto, de personas reunidas en la caridad, invitadas a seguir a Jesús, no individualmente sino compartiendo una misma fe, en la vida, trabajos y preocupaciones diarias y que se esfuerzan, con los dones y carismas dados a cada uno, por ir construyendo la santidad personal y comunitaria a todos pedida por el Señor. Observamos también que es una comunidad estable. Podemos decir por ello que es un hogar, una familia que está formada como un proyecto de vida. Sabemos que la estabilidad es muy beneficiosa para todos los miembros de una familia y ayuda a que todos y cada uno de ellos vayan creciendo y madurando no de una forma dispersa, sino siguiendo un proceso que reconoce la personalidad de cada uno y de todos, los apoya y acompaña para que puedan cumplir los fines de su crecimiento humano integral. Son alimentados con el pan de la palabra, de los sacramentos, en especial de la Eucaristía y por el ejercicio efectivo de la caridad y la solidaridad, en especial con los más necesitados. El documento de Aparecida, habla de la parroquia como comunidad eclesial en la que viven y se forman los discípulos misioneros de Jesucristo. (Cf. #170).
Importante resaltar el papel del párroco y de su leal comunión con el Obispo. El ejerce como Padre y pastor por encargo del Obispo a quien corresponde velar por la unidad de todos en la diócesis. Para el párroco, su comunidad parroquial, unida a las demás, es el encargo y oportunidad que Dios le confía para vivir su vocación en profundidad, con espíritu de sacrificio, inmensa alegría y creatividad y así buscar siempre atender a sus hermanos y hermanas, siendo para ellos ejemplo en todos los aspectos de la vida.
Para terminar y resumir, retomamos el número citado de Aparecida cuando nos dice: “La renovación de las parroquias, al inicio del tercer milenio, exige reformular sus estructuras, para que sea una red de comunidades y grupos, capaces de articularse logrando que sus miembros se sientan y sean realmente discípulos y misioneros de Jesucristo en comunión” (Id.).
Con mi fraternos saludo y bendición.
